‘Mi lucha’, por Rato: ‘Yo también he sido tocado por la crisis… pero lucho’

La crisis afecta a todos -aunque en diferentes maneras, pero a todos-: afecta al rico y afecta al pobre; al cura de aldea y al obispo de Roma; al rey y al plebeyo; a la prostituta y a la doncella, y, naturalmente, afecta tanto al chulo como al chuleado. Es una realidad fácilmente demostrable, aunque con la crisis muchos ricos se hayan hecho mucho más ricos aún y todos los pobres se hagan absolutamente muy pobres; vamos, rebozados en la miseria, como decía el bueno de Marx (Groucho).

Por eso carece de sentido, y de corazón cristiano, meterse tanto con un rico venido a más, como es Rodrigo Rato, cuando él también ha sentido el látigo de la crisis. Pero Rato lucha, mientras otros (miles, millones, miles de millones) lloran.

El esfuerzo de Rato para salir de su crisis, su lucha titánica, su peculiar ‘Mein kamp’, no ha pasado desapercibido para las buenas gentes de este pueblo paciente -¿aborregado?- y corre por las redes sociales como el rayo una ilustración muy gráfica de los sacrificios que, al parecer, tiene que hacer uno de los que llevó Caja Madrid a la bancarrota, tarjetas black de por medio.

Porque Rato ya sólo come queso podrido (cabrales, azul, roquefort…, con gusanos), carne seca (jamón pata negra, horrible, animalico el que perdió la pata), vino de hace años (lo que los finos llaman añada, o parecido), viaja en un coche sin acabar para que le saliera más barato (descapotable) y se ve obligado a bañarse en una bañera al aire libre (piscina con muchas fugas de agua que algunos llaman jacuzzi).

Así que vean lo que anda circulando por las redes (desde Twitter a Facebook, pasando por whatsApp):

 

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