Niza: la guerra de occidente

Yihadistas entrenándose en el desierto.

Yihadistas entrenándose en el desierto.

Francia es la vieja colonia de territorios de religión musulmana, tiene un gran número de ciudadanos procedentes de dichas colonias (especialmente argelinos) de segunda y tercera generación, y representa además para ese mundo, instalado hasta en el calendario cinco siglos atrás, la sociedad occidental por antonomasia; su laicismo, su “Liberté, Igualité, Fraternité” representa todo aquello que combaten por todos los medios los más fanáticos religiosos yihadistas, y que si pudieran exterminarían, porque atenta contra sus principios religiosos basados en dogmas de fe que consideran infalibles e incuestionables por emanar de su Dios, y que, según interpretan algunos de ellos, les llama a la guerra contra los infieles y a tratar de imponer por todos los medios sus valores primitivos y salvajes. Francia y sus valores es como el faro de Occidente para estos salvajes fanáticos y de ahí que sea principal objetivo de sus ataques.

Pero conociendo lo anterior, lo que procede analizar es ¿cómo se combate esto?, buscar soluciones desde ahora para pasar del estadio de la prevención pasiva y la solidaridad cada vez que se comete un atentado a las medidas que puedan reducir todo lo posible la comisión de estos en el futuro. Sabiendo que no existen recetas mágicas ni bálsamos de fierabrás para ello, sí hay medidas que deberían estudiarse por si procede su aplicación.

Señalaré a continuación tres ejes sobre los que actuar para reducir la aparición de ciudadanos europeos nacidos y criados entre nosotros que cometan atentados como los que hemos visto los últimos años en nuestras ciudades convertidas en campos de guerra de este terrorismo fanático.

A) La sociedad de bienestar, los valores occidentales son una cáscara vacía para una parte importante de la ciudadanía que en teoría las disfruta. Que le hablen de libertad, igualdad y fraternidad a un parado o desahuciado francés o español que viven con la mísera pensión de los abuelos (sobre todo en España); que le hablen de esos valores a los cientos de miles de jóvenes españoles en paro, sin salida, viviendo con sus padres pasada la treintena, o a personas de mediana edad tras años sin trabajo, muchos con hijos, en una sociedad mercantilista, económica, donde tanto tienes tanto vales, viviendo en la absoluta precariedad para conseguir comida, sin poder pagar energía para combatir el frio y en la sociedad de información global, donde cada día ven a unos pocos privilegiados vivir en la abundancia obscena (como los 10.000€ del peluquero de Hollande, socialista dicen, que aparece a las 3,45 horas de esta madrugada para referirse al atentado y es inevitable fijarse en que está muy bien peinado y que esos miles de euros habrían estado mejor empleados en medidas de seguridad que blindaran el paseo marítimo de Niza).

Añádanle a eso que desde tu religión anden invocando una guerra religiosa contra esa sociedad que para unos pocos es muy buena, para otros pocos el infierno y para los más pobres que viven en ella, la mayoría, los más excluidos, un contrasentido. La desigualdad, las injusticias, la hipocresía de enunciar valores que no llegan a una gran parte de la sociedad son el elemento principal para que ciudadanos occidentales, franceses, belgas o que llevan años residiendo en ciudades de occidente acaben radicalizándose. El capitalismo salvaje que compagina la máxima opulencia con la máxima pobreza es un elemento determinante en la fanatización de algunos de sus miembros contra el sistema occidental.

B) La formación que se recibe es otro de los elementos que contribuyen, unido siempre al anterior, a generar un coctel explosivo. La formación occidental debe ser laica, desprovista de anatemas morales y religiosos y debe instruir en los valores de la sociedad de la libertad, los derechos y la igualdad. Enseñar como doctrina para la vida y la convivencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos sin transigir en ello ante ninguna pretensión de condicionarla con dogmas religiosos o culturales.

Quienes quieran profesar una religión que parte del principio de que la mujer es un ser inferior podrá hacerlo en su casa pero la instrucción en la escuela y en la sociedad debe ser de radical oposición a esa ideología, doctrina o religión, imponiendo las leyes de oficio desde el Estado contra dicha ideología y rechazándola por atentar contra los derechos humanos, como debe rechazarse cualquier otra que propugne la esclavitud o la superioridad de una raza. No es compatible ser miembro de esta sociedad y defender la esclavitud de la mujer respecto del hombre.

C) Las medidas de seguridad, de inteligencia y preventivas. El informe de los atentados de Bataclán ponen en evidencia graves errores de coordinación en la inteligencia y la operatividad de los distintos cuerpos policiales. Aquí lo vivimos el 11-M, con perros antidroga simulando revisar coches por si tenían explosivos cuando no los huelen, para evitar que el otro Cuerpo pudiera acceder a la zona de los atentados. La coordinación es fundamental, y si es preciso, la creación de un cuerpo específico policial en cada país de la UE dedicado en exclusiva a combatir este terrorismo, esta guerra urbana moderna en la que vamos a estar incursos las próximas décadas. Pasar de las condolencias y solidaridad y de las ruedas de prensa a la actuación concreta y efectiva para reducir al máximo el número de atentados y de víctimas.

Los soldados, para las guerras convencionales. No vale el ejército para hacer labores de policía interior. En los atentados de Francia y Bruselas más recientes ha quedado en evidencia que los soldados no abrieron fuego porque tenían órdenes de no hacerlo, y cuando un policía les pidió su arma de guerra para hacer frente a los terroristas se negaron a cederlas porque sus órdenes al respecto eran taxativas: en ningún caso se desprende de su arma, que debe defender incluso a riesgo de perder su vida.

En último extremo habrá que asumir que para tener menos muertos civiles en nuestras ciudades tendremos que recibir soldados compatriotas en ataúdes provenientes de focos de conflicto en el exterior. No se pueden cometer errores que son verdaderos crímenes de guerra por acción, como en Irak, o por omisión, como en Siria o Libia, que recrudecen la guerra e incrementan el ejército de fanáticos de la yihad o guerra santa.

Occidente, singularmente Estados Unidos, Reino Unido y España, desmontaron el Estado de Irak con falsas acusaciones para apropiarse de su petróleo o como demostración de fuerza. Doscientos mil policías y militares pasaron de ser agentes del Estado a ser proscritos, guerrilleros, y muchos de ellos se alistaron en la insurgencia. Muchos de ellos nutrieron Al Qaeda y el Isis.

Ver al máximo responsable de aquello, George Bush, bailando en el funeral de cinco policías hace tres días en Dallas lleva a pensar si estaba en ese mismo estado de ebriedad cuando decidió iniciar una guerra que ha costado 250.000 muertos y la extensión del fenómeno terrorista.

Ver en la embajada del Reino Unido al ministro de Defensa español de entonces [Federico Trillo], que dejó en Irak a los mismos agentes del CNI que venían tratando con sus homólogos iraquíes después de que estos pasaron a ser la resistencia, hasta que los mataron, es una prueba más de la irresponsabilidad de la clase política para abordar estos problemas complejos. Solo les importa el poder y el dinero y nada las consecuencias sociales de sus acciones.

Esta modalidad de atentados, conocida en otros continentes pero inexistente hasta ahora en Europa, debe suponer la creación de protocolos de seguridad que impidan que puedan llevarse a cabo, blindando las zonas de aglomeración de personas y esa debería ser una de las instrucciones de las reuniones en el Ministerio del Interior.

En resumen, Estado de Bienestar real para todos, no solo para unos privilegiados (educación, trabajo, sanidad, vivienda, seguridad…), firmeza en la defensa de los valores universales aprobados en la ONU, convertidos en doctrina social desde la infancia para combatir el fanatismo religioso, y medidas de seguridad preventivas y reactivas por las fuerzas de seguridad.

Allí donde un Estado o Gobierno actúe contra estos valores y se convierta en exportador de terroristas, actuación de los ejércitos contra esos gobiernos y líderes pero preservando la vida y derechos de su ciudadanía, lo que no se puede hacer arrojando bombas indiscriminadamente sobre ciudades con personas inocentes, mujeres, ancianos y niños, que es otra forma de terrorismo, sino mandando soldados al terreno, algunos de los cuales, inevitablemente, volverán muertos. En los ejércitos de hoy que no son de gleba, de recluta obligatoria sino profesionales, es una servidumbre más a asumir en defensa de los valores y de las personas que se quieren proteger.

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