¿Qué broma es la que se ha acabado, García Albiol?

Xavier García Albiol, candidato a la Presidencia de la Generalitat de Cataluña por el PP. Foto: PP

Xavier García Albiol, candidato a la Presidencia de la Generalitat de Cataluña por el PP. Foto: PP

Pegó un puñetazo sobre la barra después de apurar de un solo trago su bebida. El sheriff Xavier García Albiol apartó decidido las dos puertas abatibles del saloon y desenfundó sus dos colt 45. Los vaqueros que aún apuraban sus whiskies lo escucharon alto y claro: “Se acabó la broma”.

Para cuando sus botas espueladas pisaron la arena muchos viandantes habían corrido a refugiarse o a buscar protección. Las multitud de las esteladas se abría paso por la calle tras una flecha amarilla con el lema “por aquí se va a la independencia”. Su líder, el irredento Artur Más, le increpaba “dejad ese orgullo imperial”. Se mascaba la tragedia.

Desde lo alto en una terraza próxima el sheriff del condado, Mariano Rajoy, contemplaba impasible la escena fumándose un puro tras su última maniobra: reforma exprés de la ley del Tribunal Constitucional para que el personal tenga bien claro quién está dispuesto a dar más leña al mono y quién no.

Una vez más Rajoy entrega Cataluña para aumentar sus votos en Extremadura, las dos Castillas, Galicia o la Rioja. Pasa de las elecciones catalanas del 27 de septiembre. Lo que le importa son las generales de diciembre próximo. Se le ha acusado al sheriff Rajoy de inmovilismo durante esta fase final del desafío nacionalista al Estado. Y no es verdad. Lo que pasa es que siempre se movió en una sola dirección: utilizar el problema catalán para sacar votos en el resto de España. Lo hizo en 2006 pidiendo firmas en la calle –consiguió hasta 800.000, que no valieron para nada- contra el nuevo Estatuto de autonomía catalán, aprobado democráticamente en las Cortes. El objetivo no era otro que debilitar al presidente Rodríguez Zapatero. Rajoy despreció al pueblo catalán que acababa de ratificar el estatuto en referéndum. Contra los votos, recurso ante el Tribunal Constitucional.

El desafío fue recurrir 114 de los 223 artículos del Estatuto mas otras 12 disposiciones, pidiendo incluso que se anularan contenidos idénticos a los que el PP había apoyado en otros estatutos como el valenciano o el gallego. Después vinieron los recursos para eliminar magistrados que fueran teóricamente contrarios a sus propósitos. Igual daba. Era una forma de concentrar todo el fuego contra el antipatriota Zapatero. Cavaría su tumba recitando en el responso aquello de que al socialista “le daba igual la unidad de España”. Todo eran ganancias.

El Tribunal Constitucional rechazó 14 de los artículos del Estatuto en julio de 2010, pero Zapatero seguía en su sitio porque no le había debilitado hasta entonces la campaña anticatalana del PP. El día 10 de julio de 2010 se iniciaba en el centro de Barcelona la gran movilización de protesta que iniciaba todo el incontrolable proceso actual. “Som una nació. Nosaltres decidim”, rezaba la pancarta de cabeza portada por el presidente de la Generalitat de aquel entonces, José Montilla, y todos los ex presidentes vivos.

Cinco años después Artur Mas y Oriol Junqueras han logrado manipular y radicalizar aquella comitiva reivindicativa transformándola en un clamor antiespañol. El encaje de bolillos tejido cuidadosamente en la Constitución de 1978 para integrar a los catalanes dentro de España se ha roto por todos los lados. Los independentistas han ganado la partida exacerbando el victimismo y las supuestas “agresiones españolas” dirigidas por el PP gobernante. Ése es el tumulto que tiene ante sus narices el sheriff Xavier García Albiol. ¿Qué broma es la que se ha acabado?

 

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