El rebaño, la manada o la jauría humana

Rebaño, piara, jauría… nombres que se refieren a animales que se unen y actúan juntos tomando decisiones por instinto y en grupo. Se supone que la especie humana tiene un nivel de inteligencia superior porque somos la especie animal más evolucionada, la única que tiene conciencia de su propio yo y cuya inteligencia y consciencia trasciende su mera existencia. Así que las pautas de conducta no deberían ser asimilables a las de cualquiera de los animales que se encuadran en cualquier tipo de manada de las antes citadas. Pero lo hacemos a diario, en comportamientos predeterminados por informaciones, formación, ideología, grupo de pertenencia… actuamos en manada o, traducido al comportamiento humano, como miembros de una de las sectas que organizadas con distinto nombre vertebran nuestra sociedad.

A pesar de nuestra reconocida superioridad mental, la especie humana también actúa en manadas o sectas; hay quienes se informan por unos mismos medios de comunicación con una concreta línea editorial; quienes defienden la razón que dice su partido o sindicato sin pararse a pensar si es acertada o errónea; los que viven contra lo que sea, ya sea la derecha o la izquierda, o encuadrados en una ideología que hace que cualquier cosa hecha por un político que sea de la misma esté bien visto, y que la misma acción llevada a cabo por otro de distinta ideología sea considerada un crimen.

Hace pocos días, en mi muro de Facebook inserté un tuit donde decía que Podemos podía olvidarse de mi voto hasta que me explicara por qué un ciudadano nacido en Cataluña, o nacido en Sevilla pero residiendo en Cataluña, tenía derecho a decidir con su voto sobre el Estado español y a mí no me reconocen ese mismo derecho.

Quiero que ese partido al que voté me explique qué circunstancia personal, social o política determina que un ciudadano catalán del Estado español tenga más derechos civiles y políticos que yo porque se escapa a mi comprensión.

Ese post continuó con un hilo de debate interesante en el que participó un ciudadano nacido en Jaén y residente en Cataluña, quien además de descalificar mi opinión por no residir en Cataluña, escribió una respuesta en catalán. Le dije que o lo traducía al castellano o lo borraba, por elemental norma de cortesía a mí y al resto de participantes, todos castellanohablantes. Se molestó porque él tiene derecho a escribir en su lengua, tan oficial como el castellano dijo, y que era antidemocrática mi decisión. Intervino alguien para recordarle que es en Cataluña donde se ponían trabas para el idioma castellano en rotulación de señales de tráfico, enseñanza, etc., y que es allí donde es oficial el catalán, no fuera de allí.

Como en el debate insistí en mis argumentos a favor de la ley y contra el referéndum acabó preguntándome si yo era representante de Franco o de José Antonio. Lógicamente lo mandé a la zahúrda de donde no debía haber salido por su intolerante forma de tratar de imponer sus argumentos con descalificaciones.

Sólo las que fueron naciones tienen ‘derecho a la autodeterminación’

No hay derecho de autodeterminación porque las leyes internacionales que regulan dicho derecho solo reconocen el mismo a aquellas naciones que lo eran antes de formar parte del Estado o nación del que formen parte en la actualidad. Por ejemplo, Escocia, que existía como entidad nacional antes de la existencia del Reino Unido. No es el caso de Cataluña. Como tampoco la actual Constitución reconoce ese derecho a ningún territorio, la única forma de que Cataluña pueda tenerlo y ejercerlo es que todos los españoles decidamos antes, ejerciendo nuestro derecho a voto, cambiar la Constitución, y solo entonces podrían hacer ese referéndum independentista –que perderían-.

Estamos ante un asunto nuclear del Estado, porque permitir que se auto-adjudiquen un derecho que no tienen ni por la legislación nacional ni por la internacional sería un gravísimo precedente, una violación de los derechos civiles y políticos de todos los demás españoles que ningún Gobierno puede permitir. España es un Estado conformado sobre un territorio que ya se desgajó durante los dos últimos siglos lo suficiente como para poner pie en pared en ese asunto.

No me extraña el engreimiento de ese ciudadano catalán que se cree con derecho a imponer su lengua en mi muro de Facebook y a exigirme a mí que en su tierra hable la suya. Y además si no aceptas su imposición no eres un demócrata. Este espécimen de personas configuran una secta específica, tipo piara en jauría, que se creen con más derechos que cualquier otro ciudadano, que parten del principio de que tienes que renunciar a tus derechos civiles para que ellos ejerzan el suyo a hacer lo que quieran por encima de tu opinión e intereses.

En el PSOE, ‘Susanistas’ contra ‘Pedristas’

Manada distinta es la que forman, por ejemplo, los socialistas, o los dos bandos de socialistas, porque nunca ha sido tan evidente que hay dos tribus, los “susanistas” y el aparato de una parte, y los “pedristas” y militantes de a pie por otra.

Las últimas primarias y la reacción posterior de Susana han dejado claro que los del aparato no van a entregar las armas… salvo que se les deje seguir en el aparato, o sea, viviendo del partido. Constituyen un ejemplo claro de grupo organizado en Andalucía. Su pelea no es por el modelo de partido o por derechos de la gente, sino por seguir ellos subidos al coche oficial (la “máxima autoridad”, Susana…), otros en cargos designados a dedo (Pradas, diputado en el Congreso, Blas Ballesteros, Jerónimo… en la Diputación de Sevilla…), y otros, con salarios obscenos (“Maleni”, 10.000€/mes que debería repartir entre la gente más necesitada si alguna vez hubiera sido socialista).

Y también hay gente sin cargos ni prebendas que cree en el Partido como tótem, como elemento que se justifica por sí mismo con independencia de conseguir aquellos objetivos que motivaron su nacimiento, y que desde ese planteamiento reduccionista pero respetable apoyan al aparato susanista. Tengo algunos amigos que piensan así y no están “comprados” por el aparato.

El triunfo de Pedro Sánchez es el triunfo de la militancia comprometida, del socialista de a pie que no tiene cargos, ni poltronas, ni enchufes, que es decente y coherente con sus ideas incluso por encima de sus intereses personales. Hay muchos ejemplos de esa militancia decente y una de ellas es Inma Rodríguez Medina, doctora en Químicas, granadina inmigrante en UK, que se desplazó desde Redcar a Londres para poder emitir su voto a pesar de las tres veces que se cambió el lugar de votación en la capital británica. Una cualificada inmigrante que, harta de ser explotada en España por empresarios corruptos (del PP y del PSOE), tuvo que irse allí donde valoraban sus capacidades profesionales.

Inma no ha dejado de exponer su opinión crítica en las redes sociales, donde ha sido despreciada por elementos del aparato que han pasado del fracaso escolar al coche oficial -en expresión de Inma- como Jerónimo, exalcalde de El Coronil, enchufado en la diputación de Sevilla, o Verónica, la máxima autoridad, o el diputado Pradas, el de la foto el día de votación en la puerta del “Cortijo” donde se votaba y donde su mujer era presidenta de mesa y su hijo interventor, en la localidad sevillana de El Rubio.

Estos personajes que están en coche oficial casi desde que eran menores de edad, responsables de que Andalucía encabece el ranking de pobreza, desigualdad y paro y esté a la cola de desarrollo y bienestar, que no han trabajado en su vida fuera de los cargos del partido, consideran que una militante andaluza preparada e inmigrante deja de ser socialista porque cuestiona sus capacidades políticas.

Esa gente o gentecilla, todas ellas, son las que han sido derrotadas en las primarias por militantes como Inma, y por eso hay que dar un voto de confianza a este PSOE que, gracias a militantes como ella, ha sido capaz de derrotar a todo el aparato de vividores y señoritos instalados en el Partido, al que han convertido en una muleta del PP y del sistema corrupto. Las cosas pueden empezar a cambiar porque el inmovilista aparato ensimismado en sus poltronas era responsable del giro a la derecha de un partido que nació de izquierdas. El rebaño se deshace.

La extrema derecha… o la inconsciencia

Un ejemplo más de secta, rebaño, piara o jauría, que lo mismo son, lo evidencia un tuit difundido profusamente en el sector conservador y de extrema derecha (que muchas veces se confunden porque están muy cerca) emitido por un periodista cuyo nombre ni cito, que se hace eco de otro de Juan Carlos Monedero de febrero de 2011, en referencia al movimiento denominado primavera árabe, y que este periodista ha traído a colación ahora como si Monedero estuviese alentando atentados en Europa como el de Manchester.

El periodista dice:

“Cada vez que sufra Europa un atentado terrorista y se cuenten los cadáveres, acuérdense de este tuit de Monedero”…

y adjunta un tuit de Monedero que dice:

“Que la lucha del pueblo árabe crezca en todo el continente. Y, como pólvora, salte a Europa y Estados Unidos”.

Eso, difundido el día del atentado de Manchester, hace que miembros de esa concreta manada en la que se encuadra ese periodista y millones de españoles unidos por el odio visceral fanático contra Podemos lo difundan acríticamente (a mí me ha llegado por varios canales y alguno con comentario añadido sobre mi defensa de Podemos), sin mirar que la fecha de emisión es el 6 de febrero de 2011, es decir, era un tuit referido a la primavera árabe y a los movimientos de ciudadanos demandando democracia en países donde no existía, dirigidos por gobiernos autocráticos o por aplicación de leyes religiosas.

Una de las señas de identidad de las manadas, piaras o rebaños es que el animal no razona por sí mismo, sino por seguimiento instintivo a lo que hace la mayoría como animales no racionales, pero que el ser humano, el Homo sapiens, se deje llevar en rebaños y sectas sin hacer uso de la mínima capacidad neuronal de la que nos ha dotado la naturaleza es un nivel de fanatismo que solo se consigue con mucha práctica. Y parece que en este país de eso nos ha sobrado.

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